Arts & Crafts · Mingei · Studio Furniture · Bauhaus

Cuando el mueble
es arte

Wharton Esherick, el Studio Furniture Movement y los movimientos que cambiaron la relación entre las manos y los objetos.

¿Un mueble puede
ser una obra de arte?

¿Un mueble es una obra de arte? ¿Puede un objeto funcional ser la expresión de una visión del mundo?

La respuesta, aún abierta, es que hay toda una historia detrás de esa pregunta. Y que esa historia explica en parte por qué algunos ebanistas de hoy trabajan completamente a mano, rechazan las máquinas industriales y tratan cada pieza como si fuera única e irrepetible. No es romanticismo. Es una posición filosófica con más de ciento cincuenta años de desarrollo. En el desarrollo de estas conversaciones es mi deseo que otros artistas, artesanos, carpinteros y ebanistas compartan su enfoque. La botella, con la invitación adentro, ya está flotando a la deriva.

Este artículo es lo que fui entendiendo sobre tres movimientos que pensaron esa pregunta desde ángulos distintos: el Arts & Crafts inglés del siglo XIX, el Mingei japonés del siglo XX, y el Studio Furniture Movement norteamericano —donde aparece Wharton Esherick, el ebanista que más me interesa de todos. Las fuentes que cito son verificables. Las conversaciones directas con artesanos que trabajan dentro de estas tradiciones van a estar en la sección Maestros de soydemadera.com.

Lo que los tres movimientos
intentan resolver

La Revolución Industrial del siglo XIX separó al artesano del objeto. Antes de las fábricas, quien hacía una silla la diseñaba, la construía y la terminaba —era responsable de todo el proceso y el resultado llevaba su huella. Con la producción industrial, ese proceso se fragmentó: un trabajador hacía una parte, otro hacía otra, nadie era responsable del conjunto. El resultado era más barato, más uniforme y completamente anónimo.

Esa separación generó una reacción. No una sola, sino varias —en distintos países, en distintos momentos, con distintas respuestas. Lo que tienen en común es que todas cuestionan si la eficiencia industrial es el único valor posible en la producción de objetos.

El craft —el trabajo artesanal— no es simplemente una técnica antigua. Es una forma de conocimiento que involucra el cuerpo, el material y el tiempo de una manera que la producción industrial no puede replicar. — síntesis de Glenn Adamson, Thinking Through Craft, 2007 1

Cada uno de estos movimientos, a su manera, defiende ese conocimiento.

Arts & Crafts:
el primero en reaccionar

El movimiento Arts & Crafts nació en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XIX. Sus figuras centrales fueron el escritor y diseñador William Morris y el crítico John Ruskin. Ambos reaccionaban contra la producción industrial victoriana —contra los muebles recargados, falsamente ornamentados, fabricados en serie sin ningún criterio más que el del mercado.

La posición de Morris era radical para su época: la belleza en un objeto no puede separarse de las condiciones en que fue producido. Un mueble hecho por un trabajador alienado, en una fábrica que destruye su creatividad, no puede ser verdaderamente bello. La estética y la ética de la producción son inseparables.

La propuesta práctica era volver al taller medieval: artesanos que dominaban todo el proceso, que usaban materiales honestos —madera visible como madera, no pintada para parecer otra cosa— y que encontraban dignidad en el trabajo manual.

Janet Koplos y Bruce Metcalf, en Makers: A History of American Studio Craft (2010), señalan que el Arts & Crafts tuvo una contradicción interna que nunca resolvió: los objetos que producía eran tan costosos que solo podían comprarlos las clases adineradas.2 El movimiento que quería democratizar la belleza del trabajo artesanal terminó siendo un lujo accesible solo para quienes podían pagarlo. Esa tensión va a reaparecer en todos los movimientos que siguieron.

Lo que sí dejó el Arts & Crafts como legado permanente: la idea de que el diseño y la fabricación no deberían separarse, que el material merece honestidad, y que la simplicidad estructural puede ser más bella que el ornamento acumulado.

Mingei:
la belleza del objeto anónimo

Del otro lado del mundo, el filósofo y crítico Sōetsu Yanagi estaba llegando a conclusiones parecidas desde una tradición completamente diferente. En 1926 fundó el movimiento Mingei —literalmente "arte del pueblo" (民芸, min = pueblo, gei = arte)— junto a los ceramistas Shōji Hamada y Kanjirō Kawai.

La tesis central de Yanagi, desarrollada en The Unknown Craftsman: A Japanese Insight into Beauty (1972), es provocadora: los objetos más bellos de la historia no fueron hechos por artistas famosos sino por artesanos anónimos que producían sin ego, en serie, siguiendo tradiciones heredadas.3 La belleza del Mingei es la belleza de lo necesario: una vasija de barro campesina, una cuchara de madera, una tela tejida para uso cotidiano. Objetos donde la función y la forma son inseparables y donde el artesano no intentó ser original —simplemente hizo lo que sabía hacer, bien.

Esto parece contradecir todo lo que diría un artista moderno. Yanagi lo sabía y lo abrazaba como provocación filosófica. Para él, el ego del artista —la voluntad de ser original, de firmar, de diferenciarse— es justamente lo que destruye la belleza natural del objeto. El artesano anónimo que sigue una tradición sin cuestionarla produce algo más puro que el genio creador que intenta romper con todo.

La influencia del Mingei en la ebanistería occidental llegó principalmente a través de George Nakashima —un japonés-americano que estudió arquitectura, vivió en Japón, estuvo internado en un campo durante la Segunda Guerra Mundial y después se convirtió en uno de los ebanistas más influyentes del siglo XX. Nakashima tomó del Mingei la reverencia por el material natural —especialmente por las figuras, los nudos y los bordes vivos de la madera— y la idea de que el artesano debe escuchar lo que el material quiere ser, no imponerle una forma preconcebida.

Studio Furniture Movement:
el artesano como autor

El Studio Furniture Movement es el movimiento que más directamente conecta con la ebanistería contemporánea de alta calidad. Emergió en los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial y su característica central es simple: el mueble es obra de un autor individual que lo diseña y lo construye íntegramente.

No es producción en serie. No es trabajo por encargo en el que el diseñador y el fabricante son personas distintas. Es una persona —o un taller pequeño— responsable de todo el proceso, desde la concepción hasta el acabado. Por eso se llama studio furniture: el mueble nace en un estudio de artista, no en una fábrica.

Koplos y Metcalf documentan el movimiento en detalle: sus figuras centrales son Wharton Esherick, George Nakashima, Sam Maloof, Wendell Castle y James Krenov, entre otros.2 Cada uno tiene una voz estética distinta, pero todos comparten esa estructura básica: autoría individual, materiales nobles, proceso artesanal completo.

Wharton Esherick: el que abrió el camino

Wharton Esherick (1887–1970) es la figura que más me interesa de todo este panorama, y no por casualidad es a quien se llama "el decano de los artesanos americanos".

Esherick empezó como pintor. Estudió en la Pennsylvania Academy of the Fine Arts y durante años intentó abrirse camino en el mundo del arte. No lo consiguió de la manera que esperaba. Se mudó a una granja en Paoli, Pennsylvania, y empezó a trabajar la madera —primero para enmarcar sus propias pinturas, después para hacer marcos para otros artistas, después para hacer muebles para su propia casa.

Lo que hizo a lo largo de las siguientes décadas fue construir, literalmente, su mundo. Su casa y estudio en Paoli —hoy el Wharton Esherick Museum— son en sí mismos una obra de arte total: las escaleras, las puertas, los muebles, las herramientas, los mangos de los utensilios de cocina. Todo fue diseñado y construido por él. La coherencia visual es absoluta.

La estética de Esherick rompió con todo lo que la ebanistería americana hacía en su época. Rechazó las formas rectangulares y simétricas del mueble convencional —influido por el expresionismo alemán y por el movimiento Arts & Crafts— y desarrolló formas orgánicas, escultóricas, que seguían la lógica de la madera más que la lógica de la geometría euclidiana. Una silla de Esherick puede tener patas de distinto ángulo que se ajustan a la figura que se va a sentar. Una escalera puede ser una escultura que también funciona como escalera.

Koplos y Metcalf lo describen como el primero en plantear explícitamente que el mueble podía ser escultura funcional: no escultura que se coloca sobre un pedestal sino objeto que se usa todos los días y que al mismo tiempo tiene valor estético autónomo.2 Esa idea, que parece obvia ahora, era radical en los años 30 y 40 del siglo XX en el contexto americano.

Bauhaus:
dominar la máquina, no rechazarla

Para entender bien el Studio Furniture Movement hay que contrastar con el movimiento que tomó exactamente la dirección opuesta: la Bauhaus.

Fundada en 1919 en Weimar, Alemania, por el arquitecto Walter Gropius, la Bauhaus también quería resolver el problema de la separación entre arte y producción. Pero su respuesta fue diferente: en lugar de rechazar la máquina, quería dominarla. El objetivo era diseñar objetos con calidad estética que pudieran ser producidos industrialmente —democratizar el buen diseño haciéndolo accesible masivamente.

La silla Wassily de Marcel Breuer —tubos de acero doblados, producible en serie— es el ejemplo más conocido. El diseño tiene calidad artística pero puede fabricarse mil veces idéntico. Eso era precisamente lo que buscaba la Bauhaus: que el buen diseño no fuera privilegio de quien podía pagar a un artesano.

La tensión entre Bauhaus y Studio Furniture es la tensión central del diseño del siglo XX: ¿el objeto bien diseñado debe ser único o debe ser reproducible? ¿La autoría individual es un valor o un obstáculo para la democratización?

Adamson señala que ninguna de las dos posiciones resolvió completamente el problema.1 La Bauhaus democratizó el diseño pero perdió la singularidad del objeto artesanal. El Studio Furniture preservó esa singularidad pero mantuvo el problema del Arts & Crafts: los precios hacen que solo una élite pueda acceder a esos objetos.

Inglaterra · s. XIX

Arts & Crafts

Volver al taller medieval. Materiales honestos, dignidad del trabajo manual.

Japón · 1926

Mingei

Belleza del objeto anónimo. El artesano popular sin ego, sin firma.

EE.UU. · posguerra

Studio Furniture

El artesano individual como autor completo, del diseño al acabado.

Alemania · 1919

Bauhaus

Diseñar para la máquina. Democratizar el buen diseño en serie.

El silencio como técnica,
el cuerpo como método

James Krenov: el silencio como técnica

De las figuras del Studio Furniture Movement, la que más aparece en la literatura técnica de ebanistería fina es James Krenov (1920–2009). Nacido en Siberia, criado en Alaska y Seattle, formado en Suecia bajo el maestro Carl Malmsten, Krenov desarrolló una filosofía del trabajo artesanal tan precisa y tan articulada que sus libros se convirtieron en referencia obligada en escuelas de ebanistería de todo el mundo.

La idea central de Krenov es que el trabajo artesanal requiere escuchar —al material, a la herramienta, al proceso. Un ebanista que impone su voluntad sobre la madera produce objetos tensos, forzados. Uno que escucha lo que la madera quiere ser produce objetos que tienen una especie de calma inherente. En A Cabinetmaker's Notebook (1976), Krenov describe ese estado de atención como la condición fundamental del trabajo de calidad.4

Para Krenov, el ebanista artesanal no es un artista que usa la madera como medio de expresión personal. Es un intérprete que traduce las posibilidades del material en objetos funcionales y bellos. El ego no tiene lugar en ese proceso —lo que tiene lugar es la atención.

Esa posición conecta con el Mingei de Yanagi más de lo que parece. Vienen de tradiciones muy distintas —uno europeo, el otro japonés— pero los dos desconfían del ego creador y los dos valoran la escucha como método.

Sam Maloof: donde el cuerpo y la madera se encuentran

Sam Maloof (1916–2009) es el contrapunto de Krenov dentro del mismo movimiento. Donde Krenov era filosófico y casi contemplativo, Maloof era visceral y directo. Sus sillas mecedoras —las piezas por las que es más conocido— son el resultado de décadas de ajuste empírico: formas que se desarrollaron respondiendo al cuerpo humano, no a principios abstractos de diseño.

Maloof no tenía formación académica en diseño ni en ebanistería. Aprendió solo, con herramientas que él mismo modificaba cuando no hacían exactamente lo que necesitaba. Esa autodidaxia se nota en el trabajo: hay una energía directa, sin mediación teórica, que hace que sus piezas se sientan inevitables. Como si no pudieran ser de otra forma.

Lo que une a Maloof con el resto del movimiento es la misma estructura básica: autoría completa, materiales nobles, proceso artesanal de principio a fin. Lo que lo distingue es que llegó a esa posición desde abajo, sin programa filosófico previo —simplemente haciendo.

Qué tienen en común
y qué los separa

Mirando los cuatro movimientos juntos —Arts & Crafts, Mingei, Studio Furniture, Bauhaus— lo que emerge es un mapa de respuestas posibles a la misma pregunta: ¿qué hacemos con la industrialización?

El Arts & Crafts dijo: volvemos al taller medieval. El Mingei dijo: miramos las tradiciones populares anónimas. El Studio Furniture dijo: el artesano individual como autor. La Bauhaus dijo: diseñamos para la máquina.

Ninguna de estas respuestas es simplemente correcta o incorrecta. Son posiciones filosóficas que reflejan valores distintos sobre la autoría, la democratización, la belleza y la función. Un ebanista hoy que trabaja completamente a mano está tomando partido en esa conversación, lo sepa o no.

La producción industrial de muebles no resolvió el problema de la calidad —la mayoría de los muebles baratos duran cinco años. Y el trabajo artesanal de alta calidad sigue siendo inaccesible para la mayoría. El problema que Morris identificó en 1860 no tiene solución todavía.

El oficio en Argentina,
sin el debate teórico

Argentina tiene una tradición artesanal fuerte pero sospecho que desconectada de este debate teórico. Hay carpinteros y ebanistas extraordinarios trabajando en talleres del interior del país que posiblemente no sepan quién es Esherick ni Krenov —y que producen objetos de calidad comparable. También sospecho que hay diseñadores formados que conocen la teoría pero que nunca pusieron las manos en la madera.

El puente entre esas dos cosas —el conocimiento técnico y la reflexión sobre por qué hacemos lo que hacemos— es lo que me interesa construir con soydemadera. No porque la teoría mejore las manos: si mi sospecha sobre esos carpinteros es correcta, la premisa anterior ya muestra que no hace falta. Sospecho que entender de dónde vienen las ideas que usamos cambia cómo las usamos, aunque no tengo cómo demostrarlo todavía. No hablo desde la autoridad de años de oficio —eso me falta acá—, pero es la intuición con la que arranco este proyecto.

Términos
de este artículo

Studio Furniture Movement

Movimiento norteamericano de posguerra donde el mueble es obra de un autor individual que lo diseña y construye íntegramente. Distinto de la producción industrial o del encargo separado entre diseñador y fabricante.

Arts & Crafts

Movimiento inglés de fines del siglo XIX liderado por William Morris y John Ruskin. Reacción contra la industrialización; defensa del trabajo artesanal, los materiales honestos y la unidad entre diseñador y fabricante.

Mingei

Movimiento japonés fundado por Sōetsu Yanagi en 1926. Valora la belleza de los objetos artesanales anónimos de uso cotidiano por encima del arte firmado y del diseño industrial.

Bauhaus

Escuela de diseño alemana fundada en 1919 por Walter Gropius. Buscaba unir arte y producción industrial para democratizar el buen diseño mediante la reproducción en serie.

Studio furniture

Mueble producido en un taller artesanal individual, con autoría completa de una persona o un equipo pequeño. Se diferencia del mueble industrial por la singularidad, los materiales nobles y el proceso artesanal íntegro.

Escultura funcional

Concepto acuñado en el contexto del Studio Furniture Movement: objeto que tiene valor estético autónomo como escultura y al mismo tiempo cumple una función práctica cotidiana.

Craft

Término inglés sin traducción exacta al español. Abarca tanto la habilidad técnica artesanal como la tradición y el conocimiento que implica. Más cercano a "oficio" que a "artesanía".

Truth to materials

Principio del Arts & Crafts: la madera debe verse como madera, el metal como metal. Los materiales no deben disfrazarse para parecer lo que no son.

Wabi-sabi

Concepto estético japonés que valora la imperfección, la impermanencia y lo incompleto. Influencia indirecta sobre el Mingei y sobre ebanistas como Nakashima que incorporaron la irregularidad natural de la madera como valor.

Fuentes consultadas

1 Adamson, Glenn. Thinking Through Craft. Berg Publishers, 2007. Referencia fundamental sobre teoría del craft y su relación con el arte y la producción industrial.

2 Koplos, Janet & Metcalf, Bruce. Makers: A History of American Studio Craft. University of North Carolina Press, 2010. La historia más completa del Studio Craft movement norteamericano, incluyendo el Studio Furniture Movement.

3 Yanagi, Sōetsu. The Unknown Craftsman: A Japanese Insight into Beauty. Kodansha International, 1972. El texto fundacional del movimiento Mingei. Edición en inglés adaptada por Bernard Leach.

4 Krenov, James. A Cabinetmaker's Notebook. Van Nostrand Reinhold, 1976. Reimpreso por Lost Art Press. El libro más influyente de Krenov sobre filosofía y práctica del trabajo artesanal en ebanistería.

Este artículo es parte de la sección Astillas de soydemadera.com. Soy carpintero en formación, aprendiendo con las manos y por curiosidad propia. Lo que escribo acá es lo que voy aprendiendo. Las entrevistas directas con los especialistas que aparecen en estos artículos van a estar en la sección Maestros —ese es el lugar donde las voces de quienes trabajan esto todos los días van a tener el espacio que se merecen.